IV
Trataba de mantenerme
lo más serena posible ante la brevedad de tiempo del que disponía. Ya estábamos
sentados en una magnífica mesa. Estaba muy bien acompañada, debería ser todo un
honor para mí el tener a los máximos
mandatarios a mi lado, Verdi a un lado, Enma al otro.
¡Dios! Enma seguía tan
hermosa y salvaje como siempre, ella y yo éramos viejas conocidas de un tiempo
oscuro en mi vida, donde la lujuria y la juerga, peleas y otros acontecimientos
poblaban mi día a día, y el suyo, claro. Enma no me llevaba más de cinco
años. En su ya, edad madura, estaba como
nunca, atlética, bronceada, con ese moreno que contrastaba con su rubio pelo.
Disponía de unas turgentes prominencias que era un placer para los ojos,
imaginar 12 años atrás, mis ojos se volvían lujuriosos ante su presencia. Volvamos la vista hacia atrás en el tiempo.
***
El pequeño planeta
Persef además de ser la despensa agrícola de los mundos conocidos también era
famoso por sus "tabernas", lugares de recreo poco recomendados para
jovencitas y jovencitos. En esa época todavía era joven y peligrosa, pero
aquellos ojos negros, azabaches, el rubio de su pelo, y otros encantos de Enma
me tenían terriblemente excitada.
Una taberna, casi oscura, velas, muebles antiguos de una época
perdida en el tiempo. Grandes cuadros con colores vivos, donde predominaban los
naranjas y rojizos, algunos amarillos apagados y el negro. Una chimenea al
fondo, con el fuego ardiendo, chispeante. Cubas de vino, botellas del viejo ron
terrestre, mujeres y hombres alternando en una furia de conversaciones y
abrazos lascivos.
Al fondo de la larga
barra de mostrador, cerca de una gran mesa y pequeñas sillas, se encontraba
aquella noche Enma con unos secuaces o amigos o simplemente tíos que querían
seducirla. Ella reía a sus bromas y de vez en cuando les dirigía una mirada
pecaminosa, los provocaba y los paraba de golpe. Esas grandilocuentes risas
hicieron que mis ojos se desviaran hacia ese el lugar. Yo estaba caliente, unos
cuantos tragos hacían que mi cuerpo cambiara y la expresión de mi cara y las
ideas de mi mente se trastocaran hacia la perversión y la lujuria.
En un momento sus ojos
me escrutaron cual a un simple animal, una sonrisa burlona se describió en su
boca, labios llenos de pecados, anchos, apetitosos. Algo ocurría con mi cuerpo,
la calentura era tan evidente que el color rojo de mi rostro peleaba por no ser
como el de los cuadros.
Sin palabras, ¿para
qué? si una mirada suya era suficiente. En un momento me tenía comiendo de su
mano. Apartó de su lado a un sujeto empachoso, parecía como si el juego de los
hombres le hubiera cansado y sin mediar palabra con ellos se dirigió directa
hacia mí. Dió un manotazo al último de sus acompañantes y levantándose cuan
larga era, enfiló sin detenerse hacia donde
me encontraba. Mi boca se secó
cuando fui consciente de que venía hacia el lugar donde yo estaba
sentada. Tragué como pude otro vaso de vino y mi cuerpo recibió una descarga
que hizo que las velas titilasen. Tan suavemente como el más terrible de los
felinos se fue acercando, estaba tan cerca que su aliento empujó el sudor que
comenzaba a surcar mi cara.
¿Cómo te llamas? -
Divisé tus ojos y me impresionaron, verdes, verdes brillantes, claro que pueden
ser producto del vino.
Carcajadas que
tronaron en mi mente, risa cuya malicia me hizo temblar y el deseo que ello
produjo en mí me sorprendió, aún hoy en día recuerdo la fuerza de esa mujer.
Ahora quizás, solo me
produzcan compasión, pero en su momento
era simplemente deseo y placer, lujuria y vanidad, sexo, puro sexo.
No sé qué responderte,
dije abruptamente. Me llaman "sin nombre".
En esos tiempos y
desde la muerte de mi padre había estado
vagando eternamente de una nave mercader a otra, de un planeta a otro y de unos
patrones a otros. De paliza en paliza, de insulto en insulto, al final me había convertido en lo que era hoy,
como se podría llamar... yo diría que una sin vergüenza, una vividora que se
aprovechaba de damas inocentes y que estaban deseosas de formar pareja pero que
no podían evitar las ganas de conocer a "una aventurera como yo".
Realmente no sabía mi nombre, nunca me llamó mi familia por él. Desde la última
paliza de mi hermano me había ido a la aventura y osé pedirle a un mercader sin
escrúpulos que me empleara en su nave, acepté dedicarme a las tareas más
inmundas. Pensé que más valía que me
pegue y me insulte gente extraña que mi propia familia. Era el reto de comenzar
una nueva vida que me iba a marcar para siempre. Pronto iba destacando en lo
referente a ordenar y catalogar la mercancía, me hice un hueco entre los
indeseables que eran mis compañeros. Me enseñaron todo lo que sabía en esos
tiempos. Mi fama creció como la espuma. Pronto mis peleas, juergas y catadora
de mujeres se hizo extrañamente familiar en ciertos garitos espaciales.
Alguna fama ya
profesaba en el ambiente en el que me relacionaba. Enma ya conocía de mi
aptitud ante la pelea y el sexo.
Un ligero temblor era
perceptible en mi boca. Ella lo sabía, lo intuía y se recreaba, sabiendo de su
poder de seducción.
¿No tienes otro
nombre? -insistió la mujer.
No, no lo tengo.
¿Y esos ojos quien te
los hizo? ¿Acaso no lo sabes? - siguió preguntando Enma.
Su sonrisa burlona se
acrecentó, aunque paró de golpe su ironía hiriente y la cambió por una sonrisa,
su boca, magnífica, se abrió y su lengua se balanceó sobre sus propios labios
aproximándose a los míos. Mi calor iba en aumento.
¿Quieres una copa en
mis aposentos? Esto me aburre, realmente me aburren los tíos, son
patéticos.
La tranquilidad
parecía volver a mi corazón.
Sí, le dije. Vámonos.
La fiereza con que me
había tratado en los anteriores momentos se convirtió en una suavidad salvaje, imponiendo su altura
me cubrió con sus enormes brazos y tiró de mí, no sin antes meter su lengua
dentro de mi boca y poseerla sin más. Dirigió una sonrisa burlona hacia los secuaces con los que estaba hacia
solo unos minutos.
Me empecé a sentir muy
a gusto con ella, no sé porque me había puesto nerviosa y acalorada por su
presencia y actuación, ¿acaso no lo había hecho yo durante los últimos ocho
años?. Mi vida no era precisamente, reluciente, apropiada y severa.
Libertinaje, juerga, sexo, diversión sin pensar en nada ni en los demás.
La seguridad volvió a
mí después del impacto que me causo Enma. Tomé posición y evalué a la mujer que
mantenía sus brazos entorno a mí. Sabía que me gustaba lo fuerte, la pasión
desbordada y el sexo por el sexo, pero además esta mujer me gustaba demasiado
como para no utilizar todas mis habilidades en el amor.
Tomar la iniciativa en
el amor no era tarea que me supusiera ningún esfuerzo, me gustaba y sabía que
podía complacer a esta mujer, la seguridad en mí rayaba la estupidez, pero era
buena en la cama o donde fuera que parásemos para juntar nuestros cuerpos.
Llegamos a donde
pernoctaba, abrió cautelosamente la puerta, investigando cada rincón de la
habitación. Me soltó. Sacudí mi cabeza, mi cuerpo estaba en alerta, como
esperando un ataque..
¿Una cerveza?
-preguntó la alta mujer. - Sí, - respondí.
Ponte cómoda.
Me quité la cazadora
que por aquel entonces usaba, dejé un puñal debajo de ella como queriendo
ocultarlo, aunque esa no era mi intención sabía que era una noche de sexo y no
de pelea.
Enma se sentó cerca de
mí, muy próxima pero sin avasallar, pensé que quería dar iniciativa a su
conquista. Así fue, aproximó la botella de cerveza hacia mis labios, pero la
aparté y tomé sus labios con suavidad, que solo duró un segundo, mi lengua
entró a empellones en su boca sorbiendo todo su fluido. Un grito lleno de sorpresa
se apagó. Un beso salvaje que no esperaba. Noté el calor de su rostro. Retiré
un solo segundo mis labios de los suyos, la miré como una gata en celo solo
puede mirar. Mirada fría, calculando cada milímetro de la comisura de sus
labios, me acerqué de nuevo a ellos, pero ahora despacio, aunque no dí mucha
tregua, un momento después y a la vez que mi lengua se metía de nuevo en su
boca, desabroché de forma maestra su camisa negra. Unos pechos que ya había
imaginado salieron a recibirme y, con la rapidez que me caracteriza, pronto su
corpiño quedó fuera de su cuerpo.
Un poco sorprendida
todavía de mis habilidades y mi actuación, Enma quiso retomar su fuerza y su
dominio sobre mí y sin pensarlo lo más mínimo arranco mi camisa de cuajo, al
igual que mi sujetador. No me sorprendió. Era algo que esperaba y me gustaba,
me gustaba mucho.
La paré, ya no con mis
labios sino con mis manos y un simple, espera. Como por arte de magia esperó y
me dijo:
¿A qué juego quieres
dedicarte ahora?
A ninguno, respondí.
Solo quería echar un trago de cerveza. Desnúdate, - le decía a la vez que ponía
algo de música. Apagué rápidamente las luces principales y seleccioné un
ambiente de chimenea.
Ja, ja, ja, ja.
Sorprendente...¿no me digas que eres romántica? - me dijo a la vez que se
desnudaba.
Sin contestarle me
volví a acercar a ella, la empujé y sin oponer resistencia alguna, cayó al
sofá.
Eres muy alta en
comparación conmigo. - Sonreí. Así a mayor igualdad de altura podré hace lo que
yo quiera. El sofá es ideal.
Divertida y sorprendida
se dejó hacer.
Enma estaba sentada
con normalidad en el sofá, esperando, intrigada. Me aproximé a ella, me
arrodillé y comencé a abrir su entrepierna, lo agitado de su corazón delataba
su excitación, mi boca se aproximó a su pubis, saqué mi lengua con la
suficiente longitud y posición para que la viera. Echó su cabeza hacia atrás
esperando que mi boca comiera su sexo. Seguí acercándome, pero fueron mis dedos
los que sin ninguna dificultad buscaron la apertura para penetrarla. Una vez
más sorprendida y deseosa trató de mirarme a los ojos, pero fue una palabra la
que salió de su laringe.
Penétrame.
Había dejado mis dos
dedos dentro de su vagina y los comencé a mover lenta pero fuertemente. La
atraje un poco hacia mí para sentirme más cómoda mientras que le daba placer.
Sin previo aviso saqué mis dos dedos de su profundidad y lo cambié por el gordo
de la mano derecha, sin apenas apreciar el tiempo introduje también uno de mis
dedos en su otra abertura. Rítmicamente comenzó un movimiento de los dos dedos.
Las dos profundidades de la entrepierna de la mujer eran mías.
¿Qué coño me estás
haciendo? Acertó a decirme.
Disfruta, - apostillé.
Con mi mano izquierda,
hasta ahora libre, e incorporándome un poco alcancé su pecho izquierdo al que
pellizqué sin compasión.
La dulce Enma había
cerrado los ojos, la todopoderosa general de los Guakis estaba presa de una
cierta muchacha sin oficio.
No la volví a besar,
después de unos largos minutos de bombeo constante, saqué mis dedos de su sexo
y baje, ahora si, con mi boca hasta llegar a su elevado clítoris, al que asistí
con urgencia. Unas veces era la lengua quien empujaba su clítoris en varias
direcciones, otras la suavidad podría hacer perder el aliento, otras eran mis
dientes quienes lo retenían a la vez que la lengua lo acariciaba, otras mis
labios lo apretaban para luego ser succionado.
Enma apretaba los
dientes, no quería soltar un suspiro pero lo hizo. Su orgasmo invadió mi boca,
su fluido me llegó y el sabor de su sexo me embargó.
Esos eran mis
recuerdos de aquella salvaje noche, ahora volvamos a la cena.
***
Mi mente se había ido
del lugar por unos instantes que me parecieron siglos. Fue la propia Enma la
que me sacó de mis elucubraciones.
Qué, ¿recordando
viejos tiempos?
Hola, Enma...¿parece
que has llegado lejos en tu carrera por el poder?
Una vez más su sonrisa
burlona retumbó en mis oídos.
Sabía que te habías
vuelto muy decente, creo que excesivamente decente.
Siempre te creí una
vividora y juerguista, violenta y con ansias de poder, pero no sabía hasta
donde llegarías. Me alegro por ti. - Dije.
Intenté ocultar mis
verdaderos sentimientos y a la vez, que no me delatara que sabía más de lo que
ellos pensaran. Pero cuando más confiada estaba se iban a producir unos hechos
tan rápidos pero, no tan sorprendentes como para que yo no estuviera preparada. Sabía que, probablemente, habría
sido vigilada la mayor parte del tiempo y los Guakis conocían mi relación con
la Reina y con la Dama Primera. Solo la seguridad de saber que los Guakis y Viscon no tenían la mínima idea de nuestros
conocimientos sobre sus planes es lo que me mantenía con una calma que en mí,
sorprendía.
Terminó la cena,
durante la cual Enma no había descuidado un solo momento para observarme, yo
tampoco, quizás por motivos diferentes a los de ella.
Te quedas a la fiesta
o te vas a dormir como los bebés. Sentenció Enma.
No, tomaré una copa
contigo, quizás recordemos viejos tiempos. - Sonreí.
Siempre
sorprendiéndome. Puede que yo llegue a sorprenderte en poco. - Apostilló Enma.
Me despedí, con una
cortesía que estaba lejos de sentir, de Verdi, cuyos ojos eran los de una
víbora a punto de engullir a su presa.
Miradas cómplices
entre Verdi y Enma, la cual asintió levemente. Lo capté.
Ven, seguramente
estemos más cómodas en este reservado.
La seguí.
Los participantes en
la fiesta estaban la mayoría borrachos. Otros bailaban ante una música
imposible de describir. La oscuridad del lugar apenas se disimulaba con unos
haces de colores.
Como si de dos viejas
amigas se tratara me empujó levemente hacia el lugar. Pidió dos combinados que
me parecieron demasiado suaves para lo que ella acostumbraba.
La bebida, es muy
suave. Acaso, ¿la edad influye? - sonreí.
Efectivamente, la
edad, pero también la madurez o como lo quieras llamar, ahora otras cosas
llaman más mi atención. - Su cara se tornó seria, no sin un atisbo de
preocupación.
Algo no cuadraba en mi
mente. ¿Preocupación, responsabilidad, algo de ternura, cierta debilidad?
Adjetivos que, instintivamente afloraron en mi cerebro.
¿Se puede saber qué
mantiene a su excelencia tan
"preocupada"?
Cosas que a ti no te
atañen. - Dijo mirándome de frente.
Perdona, mujer, solo
me interesaba por tus responsabilidades. Apostillé no sin un poco de sorna.
Y tú, ¿no estás
enamorada hasta lo que en otros tiempos era impensable?
Estás muy bien
informada, respondí.
Siéntate, ordenó.
Cambiemos de tema.
Un poco sorprendida
por su reacción y seriedad, me senté y ella comenzó a hablar. Mi destino estaba
echado.
No voy a recordar
viejos tiempos. Toma la copa que te ofrezco. Sabemos que estás muy implicada
con la Reina y con la Dama Primera. Eso no es una cosa que nos guste. Ya sabes
como somos los Guakis; enemigos históricos de la ciudad de Aura, su influencia
y sus gentes. Siempre habéis dicho que éramos un pueblo bárbaro, sanguinario y
poco inteligente.
¿A qué viene ese
discurso? Pensaba que nos íbamos a divertir y a festejar algo.
Yo no suelo dar
explicaciones, tu lo sabes, pero precisamente por los viejos tiempos te la
estoy dando.
¿Explicación? Yo no te
estoy pidiendo ninguna.
En esos momentos
acababa de tomarme la copa. Sin previo aviso,
sorprendiéndome desagradablemente, dos esbirros se habían acercado y
antes de que pudiera hacer nada me maniataron.
Efectivamente no me
estás pidiendo nada, pero si te voy a dar la explicación. Sabemos que estás muy unida a esa ciudad y que formas
parte de las personas de confianza de la Reina Genix y andas enamorada de la
Dama Primera, eso es información de nuestros espías y está muy contrastada. Nos
consta que tenéis información de que vais a sufrir un ataque terrestre de los
pueblos del noroeste. Pero lo que no tenéis ni idea es que mi pueblo va a
apoyar desde el aire ese ataque y que os sorprenderá tanto que no podréis
responder adecuadamente.
Fingí sorpresa, mis ojos
se abrieron cuanto pudieron.
¿Sorprendida? Preguntó
Enma.
Si, respondí. No me sorprende nada de tu pueblo y de sus
dirigentes. Habéis almacenado el odio y el rencor durante generaciones, no
habéis sido capaz de vivir en consonancia y equilibrio con el resto de la
humanidad. Eso no me sorprende, lo que si no entiendo es tu explicación de lo
que haces conmigo. Yo no soy una persona con arraigo, no nací, que yo recuerde
en ningún lugar y tú sabes, que puedo volverme muy peligrosa si soy atacada o
traicionada. Y, aquí más sorpresa todavía. Ya que me das una explicación,
termínala.
En pocos momentos más
me puso al corriente de los planes de ataque y como yo estaba unida a los
enemigos, habían pensado que podría ser peligrosa y hacer algo con lo que no
contaban, por ello había sido apresada. También podía ser un rehén valioso si
algo del plan fallaba. Y, claro, claro que iba a fallar pero no como pensaba
Enma y sus aliados.
Se acercó. Su mirada,
dura como no vi en la vida, pero no era la dureza que yo conocía, buscó mis ojos y me dio un ligero beso en los
labios.
Te deseo suerte. Dijo,
dándome la espalda. Encerrad a la prisionera en la bodega - ordenó.
“¿La bodega? El
universo me había dado la solución. Según mis conocimientos de la nave la
bodega estaba más o menos en el centro de la nave. ¡Ahí es donde tenía que
poner el dispositivo antirrayo! ¡Por los dioses! ¡Gracias Universo!”
Una extraña sonrisa se
apoderó de mí. La misión sería un éxito.
Me dejaron en un
extraño compartimento, algo estrecho y sin mucho mobiliario: un aseo, una mesa,
un lugar para sentarme y un equipo de para poder ver. Ver...¿el qué?, ¿qué
querían que yo viera?
Me alegré que me
dejaran las manos desatadas pues así podría poner el dispositivo en el lugar
adecuado, el cubículo donde estaba era adecuado para ello. Tendría que dormir
esa noche, el dispositivo iba a ser sacado de mi lengua fácilmente por mí y
adherido al equipo de transmisiones, mejor imposible.
Pero tendría que ser
solo en el momento adecuado, es decir a las doce del mediodía, esperaba que
como estarían ocupados en el ataque se olvidaran de mi.
Dormí unas pocas
horas, no más de tres, evidentemente a pesar de mis ejercicios de relajación la
adrenalina era superior. Probé el visor, efectivamente funcionaba. Lo encendí
y al momento salió un discurso de Verdi
que estaba arengando a sus tropas. El reloj del visor marcaban las 10,00 horas.
Sabía que a las doce del mediodía todo culminaría. Esperaba que me trajeran el
desayuno e indagando más en los artilugios presentes, descubrí un
"algo" más que entendí que era para llamar a los guardianes. Eso
hice, al momento se presentaron, les pedí el desayuno. No se opusieron. Apenas
15 minutos después tenia una pequeña mesa bien servida. Calculé el tiempo que
quedaba, aproximadamente 1:30 horas.
Sin más abrí con una
de mis uñas la hendidura que tenía en la lengua, finamente disimulada. El casi
microscópico dispositivo pronto estuvo en mis manos. La lengua me ardía, al fin
y al cabo no dejaba de tener la lengua en carne viva. No era una cosa que me
preocupara. Seguro que no iba a utilizar la lengua en bastante tiempo.
Lo puse en la parte de
atrás del monitor, se adhirió como una segunda piel y ahí quedó. Dispositivo y
visor tenían la misma hora, ¡perfecto!, a las 12:00 se activaría. La suerte
estaba echada.
No sé sí esto había
sido buena suerte o no. Me había parecido muy fácil hacerlo pero claro, sé que
las fuerzas positivas del Universo estaban conmigo, aunque todavía no podía
suponer el futuro inmediato que me esperaba.
Y la batalla comenzó:
El dispositivo ya
estaba en su sitio. Sobre las once recibí una visita, una vez más de Enma y una
nueva explicación, la verdad eso me tenía algo despistada.
Buenos días
Comerciante. Voy darte pistas sobre lo que ocurrirá hoy, un nuevo orden mundial
está en marcha.
Teníamos conocimientos
precisos de que tu comandarías algunas tropas en tierra, no entendemos porque
has traído tu la mercancía que te pedimos, podrías haber sido alguno de tus
hombres o alguna de tus mujeres. Al verte aquí intuimos algo que podrías hacer
o, si andabas suelta y a tus anchas por la nave tratarías de evitar lo
inevitable. Por eso estas prisionera. Dedujimos que sabíais que nuestro pueblo
podría estar implicado en la guerra pero no sabíais hasta qué punto, de ahí tu
venida. Tu misma, en pocos minutos sabrás hasta que punto.
Tal como entró, salió.
Seguía viendo cierta preocupación en sus ojos, algo que no llegaba a
comprender.
La hora llegaba, la
acción estaba en marcha, Genix, la Dama Primera y Dax estaban preparadas al
frente de sus respectivos ejércitos.
Como habían planeado
situaron las tropas como a tres kilómetros de la ciudad, en el valle a cuyos
lados había colinas y altiplanos con lugares escarpados donde comenzaba las
montañas más altas.
Viscon acababa de dar
la orden de que su grupo se moviera, al
trote, no había prisa, confiaba plenamente en la victoria, solo tenía que
esperar unos minutos y el Rayo se encargaría de todo, ellos solo se ocuparían
de poner a sus enemigos el dispositivo dentro de sus cuerpos que mantendrían
atadas sus mentes por el resto de su existencia. Cada uno de sus hombres y
mujeres preparaban más que sus espadas los pequeños artilugios que impondrían a
sus enemigos.
Genix dio orden de
avanzar, también despacio, al trote. Hombres y mujeres tensaron sus músculos y
pusieron su mirada fija en el frente. La Dama Primera atacaría a Anatolia por
el flanco sur. Dax intentaría meterse por el centro del ejército de Viscon y
romperle, intentando dividir al ejército en dos. Sería el factor sorpresa.
Avanzando en un juego
siniestro, hombres, mujeres, espadas, caballos, hachas, arcos caminaban hacia
el mortal contacto.
No eran estos los
pensamientos de Viscon que no pensaba utilizar un solo golpe de espada, solo
miraba la hora, la espera le hacia sudar copiosamente.
Las 12:00 llegaron
como llega la muerte, sin avisar.
Unos confiados en su
victoria. Otros con la esperanza que la Comerciante hubiera tenido suerte en su
misión, esperanza o incertidumbre o las dos cosas atravesaban el alma de los
aliados.
En el Ave Fénix, nave
nodriza de los Guakis, Verdi estaba impartiendo las últimas órdenes para que
todo estuviera perfecto. Solo una orden y el Rayo sería lanzado, la victoria
estaba próxima.
Enma había salido poco
después de la visita a la Comerciante hacia la Luna, su misión era simple
apoyo, sobre todo vigilar a Viscon una vez que hubiera terminado la batalla.
Sería el comienzo del segundo plan, detener a Viscon y paralizar a su ejército.
El pueblo Guaki por fin tendría su recompensa a milenios de desprestigio y
sometimiento.
Verdi dio la orden.
¡Lanzad el rayo paralizante, ahora!
Viscon miraba el
reloj.
Genix puso a su
ejército al galope.
12:01 Verdi esperaba
ansioso la comunicación con Viscon para saber si el Rayo había sido efectivo.
12:01 los ojos de
Viscon no salían de su asombro a ver que el ejército enemigo seguía avanzando.
Genix hizo el signo de
la victoria, ¡A por ellos! Gritó con todas sus fuerzas.
12:05 Verdi no recibía
ninguna comunicación. Eso lo estaba consumiendo.
Se puso en
comunicación con Enma a la que ordenó se dirigiera no a la Luna sino
directamente a la Tierra, necesita saber. Claro que tardaría en llegar a la
Tierra algo mas de tiempo, quizás un tiempo precioso y demasiado tarde.
La sorpresa de Viscon
era tan visible que tardó un tiempo en reaccionar, un tiempo que iba a permitir
la llegada del ejército enemigo y apenas les dio tiempo a sacar sus espadas y
ponerse en guardia.
Por su parte Anatolia
estaba siendo cogida totalmente desprevenida, la Dama Primera tan sigilosamente
como era su costumbre, avanzó rápido y veloz. Su espada y la de Anatolia se
encontraron.
Genix cruzó su mirada
con la de Viscon que tenía los ojos contraídos de la cólera. Sus espadas se
encontraron, Aoraki relinchó como si fuera un grito de guerra.
Dax por su parte observaba
como se desarrollaban los acontecimientos, a duras penas no se había lanzado ya
hacia el centro del ejército enemigo, sólo la idea de pensar que su amada ya
estaba luchando y podía sucederle algo, le ponía absolutamente histérica,
difícilmente aguantaba.
¿Y yo? ¿Qué estaba
haciendo o pensando?
La verdad que poca
cosa, apenas sobre las 12:15 vino en persona Verdi y me molió a golpes,
intentando interrogarme y pidiéndome información.
La batalla se
endurecía por momentos, jinetes, tropas de a pie, caballos, espadas danzaban
con sus golpes como marionetas que necesitaban sangre y lágrimas.
Viscon era
terriblemente hábil con la espada y traicionero. Se repuso muy rápidamente de
la sorpresa y ahora luchaba por su vida. Genix trataba de campear el temporal
como podía, estaba un poco acorralada, intentaba defenderse como podía. La
envergadura de Viscon era muy superior a la de ella. Aguantaba titánicamente,
tenía que vencerlo, tenía que dar moral a sus tropas. Su presencia... ella
sabía que su presencia en la batalla era fundamental. Anatolia pronto sucumbió
a la fuerza de la Dama Primera, fue vencida en pocos minutos y sus tropas se
dispersaron. Ige lanzó la orden de perseguir a los que huían, no podía permitir
un reagrupamiento de las tropas enemigas. Sabía que iban a hacer prisioneros y
eso ya estaba previsto. Ni siquiera hirió a Anatolia. Le dijo a una de sus
amazonas que se encargara de ella y la custodiase.
Sabía que Genix estaba en peligro y que debía acudir pronto en su ayuda, era
ella la que debía estar en ese puesto combatiendo con Viscon, pero habían
analizado la cuestión y decidieron que Genix a nivel simbólico era muy
necesaria mandando el grueso de las tropas.
A todo galope se
dirigió hacia donde estaba Genix. Una embestida titánica de Viscon hizo
tambalear a la Reina, como sabiendo que su ama se caía de su gruta, Aoraki viró
al lado contrario hacia donde se derrumbaba su ama y logró con este gesto que
se enderezara. Viscon rugió de nuevo y con
el odio visible en su cara y en su mirada, se lanzó de nuevo en un
ataque definitivo. Pero Aoraki era un corcel diferente a todos y eso se iba a
demostrar allí, como si la yegua decidiera también movimientos de combate, en
esta última embestida de Viscon, se ladeó lo suficiente para que el golpe fuera
fallido.
Ige había llegado, y
lanzó un golpe que apenas el escudo de Viscon pudo repeler.
¿No me esperabas? -
preguntó con un grito impropio en ella.
Viscon alzó su vista y
divisó una figura familiar e imponente. La armadura le relucía, apenas el polvo
era visible. Armadura color plata, casco muy ligero que dejaba casi toda su
cabeza sin protección. Ige nunca había soportado demasiado peso en ninguna
parte de su cuerpo, se protegía con lo mínimo, pero lo mínimo brillaba más que
el sol.
Golpes, patadas, al final
los dos en el suelo. Genix lanzó varias ordenes a sus tropas para acabar
rodeando definitivamente al ejército enemigo que había sido partido en dos por
Dax apenas hacia unos segundos.
Metal contra metal,
mano contra mano, corazón contra corazón, almas desgarradas por la sangre,
muertos que decían demasiado pronto no a la vida, heridos que vociferaban su
sufrimiento; al fin y al cabo era una batalla y en la guerra siempre se pierde
aunque se gane. Eso lo sabía muy bien Genix.
Viscon finalmente
sucumbió al empuje interminable de Ige, trató de escapar y lo consiguió
aprovechando que uno de sus hombres atacó a Ige por detrás, la mujer apenas
pudo defenderse de ese golpe.
Genix recogió a su
yegua e impartía ordenes aquí y allá.
El líder, habiendo
caído al suelo, en su obsesión por la Reina miró para poder localizarla, la
divisó no mucho más lejos y corrió salvajemente hacia ella, Dax estaba a punto
de llegar hacia donde estaba su amada y vio el peligro. Cuando la espada de
Viscon iba a atravesar el cuerpo de Genix, otro cuerpo se cruzó en su camino,
el de Dax que cayo al suelo. Genix en su dolor, en esas milésimas de segundo,
cuando sabes que la vida se te va y ni la espada más afilada le podía hacer más
daño que lo que estaba viendo, clavó su espada en el corazón de su enemigo,
gritando con una furia y dolor que retumbó más allá de las montañas.
Ige y Genix habían
salido intactas de esta batalla, Dax perdió el conocimiento por el dolor que le
causaba su terrible herida. Se había conseguido la victoria, victoria que era
parcial hasta que no se supiera la suerte corrida por las naves dispuestas en
la base lunar dispuestas a atacar a la avanzada de naves enemigas comandada por
Enma.
Orcas, un jefe antiguo
de comerciantes que exploraron con sus antepasados planetas olvidados en el
confín del universo, era el encargado de vigilar y destruir dichas naves.
Apenas había transcurrido una hora de
batalla y todo estaba listo en la tierra, ahora le tocaba a él parar a Enma.
Había dispuesto en la cara oculta de la Luna unas naves rápidas y potentes, de
cierta envergadura destructiva.
Enma estaba a punto de
alcanzar la Luna en su viaje desde Marte. Había calculado una hora desde que el
Rayo fuera lanzado. No había otra forma de saber si había sido efectivo que
acercarse a la Tierra. Mucha fue su sorpresa cuando recibió una comunicación
que no esperaba, era Orcas que le saludaba y la invitaba a rendirse. Los ojos
se le abrieron de par en par y un sudor frío le recorrió el cuerpo. Tuvo el
tiempo para enlazar una comunicación con Verdi para que le informara si había
tenido alguna noticia de Viscon.
¡Maldita sea, no, no
he tenido ninguna noticia! - masculló, - date la vuelta y ven, seguramente
intentarán hacerte prisionera. Así que tu única defensa es decir que tenemos
como rehén a la Comerciante, que tendrán que negociar.
El odio era visible en
la cara de Verdi, el sudor le corría copiosamente por su rostro y los puños se
mantenían apretados como dos nudos que estaban a punto de ahogar a alguien.
Hola Orcas, nadie se
va a rendir aquí, no sé que habrá pasado en la batalla de la Tierra, pero
parece, si tu estás aquí es que el Rayo Paralizante ha sido un fracaso - respondió Enma. - Pero antes de
nada y de que actúes, una cosa. Tenemos a la Comerciante en muy mal estado y en
nuestras manos. No me dejes salir de aquí y te aseguro que lo pasará muy mal.
Orcas no había tenido
tiempo de comunicarse con Genix y ahora sí lo estaba haciendo.
Genix, la Comerciante
ha sido hecha prisionera, está encarcelada y dicen de negociar por ella. Que
dejemos salir de este cuadrante a Enma para que pueda volver hacia su planeta.
La preocupación en la
cara de Genix era muy evidente, a la ya mala situación de Dax, ahora era la
Comerciante la que estaba en peligro.
Bien, Orcas, déjala
ir, y dile que en dos días tendremos una comunicación con Verdi y una posible
reunión para negociar las condiciones de la derrota.
De acuerdo, mi Reina -
dijo Orcas y continuó en la ya abierta conversación con Enma.
Ya sabes, Enma, ha
sido vuestra derrota, el Rayo Paralizante no ha sido efectivo. Te dejamos ir y
dile a tu jefe, Verdi que en dos días negociaremos las condiciones de la
rendición, a no ser que queráis una guerra en el espacio, aunque en realidad no
tenéis armas para enfrentarnos, cosa que vosotros ya sabéis.
Enma ordenó la vuelta
hacia la Fénix Negra, se sentía algo extraña, como si le alegrara el hecho de
la derrota. En su fuero más interno nunca le había gustado ese afán de su
pueblo del poder por el poder y el orgullo mal entendido en el que, desde niña,
la habían educado. Ella siempre se había considerado una salvaje en cuando a su
forma de ser, pero de ahí a ser una asesina despiadada había mucha diferencia.
Al ver de nuevo a la
Comerciante y notar lo espléndida que estaba y la luz especial que provenía de
sus ojos, algo se le había removido dentro. De hecho siempre amó a la
Comerciante hasta un extremo que en su momento le produjo mucho dolor interno.
En aquella época lo pasaron bien y, el caso es que siempre notó algo diferente
en su "amiga", como una profunda tristeza cuando terminaban de hacer
el amor o de regreso de alguna juerga extrema. La había visto levantarse
después de una terrible borrachera, era cuando se metía en sí misma, cuando la
tristeza embargaba más su corazón y dónde en su rostro veía reflejarse dolor,
dolor que casi podía palpar, dolor que se hacía tan denso como los lugares
nocturnos que frecuentaban.
Siempre había estado
enamorada de ella. En cambio, la Comerciante nunca abrió su corazón. Pero
ahora, ella, la General Enma sabía que su "amiga" había encontrado el
amor y notaba la fuerza que emanaba de ella.
Llegó presurosa a la
nave nodriza y se dirigió directamente ante la presencia de Verdi cuya
expresión denotaba el odio acumulado durante toda su vida.
¡Maldita sea! ¿No sé
que ha fallado? Todo estaba perfecto. Pero alguien va a pagar todo esto. Y sé
quien. - Gritaba a Enma.
Yo tampoco sé lo que
ha ocurrido pero tiene que ser un fallo nuestro no de nadie más o quizás... -
atestiguó Enma.
Quizás, qué... di,
quizás qué o quién... - vociferó estruendosamente Verdi.
Algo anuló al Rayo
Paralizante y la única persona que ha podido introducir algo en esta nave es
la Comerciante - afirmó Enma.
Estas palabras
salieron por boca de Enma ante la tensión que denotaba su jefe, pero a los pocos
instantes de haberlo dicho se arrepintió. Eso es lo que estuvo pensado en su
viaje de vuelta y no lograba dilucidar otro fallo u otra explicación ante la
absoluta inoperancia del Rayo Paralizante. Lo había soltado por su boca y se
dio cuenta que eso significaba culpar directamente a la persona que más
admiraba en su vida. Pero ya lo había dicho y no podía volverse atrás o serían
descubiertos sus sentimientos hacia la persona que intuía que tenía mucho que
ver con la derrota.
Vamos a charlar un
rato con la Comerciante. Veremos que la podemos sacar. - Dijo Verdi.
Enma se asustó, sabía
de la barbarie de Verdi y como trataba a los prisioneros y sobre todo a la
Comerciante.
Entró de sopetón en el
lugar donde se encontraba la prisionera. Verdi no dijo nada, un agudo puñetazo
hizo que la Comerciante se doblase sobre sí misma. Otro golpe a su mandíbula
hizo que su nariz y sus labios comenzaran a sangrar copiosamente.
¡Para! - casi ordenó Enma. - Unos cuantos golpes más y
no le sacarás nada ya que no podrá hablar.
Tienes razón, Enma,
pero esta zorra me ha puesto de muy mala leche, sino es por la información que nos puede dar, ya la hubiera
matado. Todo lo que ella representa lo odio.
En mi estado poco
podía decir, pero sí podía explicar lo ocurrido, porque el chip que había
introducido para inutilizar el Rayo ya se había auto-destruido.
Lo explicaré, pero no
podéis hacer nada - dije sin apenas voz, la sangre me brotaba insistentemente y
parecía que no iba a parar.
Verdi, déjame a mí
este asunto, ve a otra estancia y veras lo que diga. Yo efectuaré el
interrogatorio. Si al terminar no te sientes complacido, hazlo a tu forma
después. Me temo que como estás la habrás matado antes de que diga nada.
Enma casi había
ordenado a Verdi pero éste pareció entrar en razón y se fue no sin antes
golpear de nuevo a la prisionera.
Informé de cómo y
dónde había llevado el microchip, dónde lo había encajado y el alcance de ello.
Enma fue grabando todo lo que yo decía y escrutó todo hasta que dio con el
lugar donde yo indiqué que estaba el dispositivo.
¿Estás de acuerdo o
interrogo más? - preguntó Enma en su comunicación con Verdi. - ¿Quieres tú
continuar o es suficiente?
Es suficiente -
contestó Verdi. Ahora que la curen para que tenga buen aspecto en la
negociación que llevaremos a cabo.
Enma me curó las
heridas que me produjo Verdi, noté que lo hacia con "mimo" casi con
veneración. Traté de hablar con ella a pesar el estado en que me encontraba.
Gracias Enma por
cuidarme - dije.
No hay de qué, solo
puedo decirte que aunque haya negociaciones para liberarte y las condiciones de
la derrota sean benévolas, pues creo que Verdi dirá que te libera, pero no lo
hará. Creo que lo que quiere es hacer un escarmiento, retirarse a algún lugar
recóndito fuera de nuestro planeta y preparar un nuevo asalto o volverse un
pirata. Incluso creo que no volverá a nuestro planeta, fue tanta la expectación
que levantó entre nuestro pueblo que, creo se siente absolutamente fracasado y
se odia a sí mismo.
¿Nunca te oí hablar
así? - recalqué. - Ni nunca distes tantas explicaciones de tus decisiones.
Gracias de todas formas por tu preocupación, pero creo que de aquí es difícil
salir sin ayuda.
Solo me miró y marchó sin decir nada más, yo ya sabía mi
suerte, hubiera o no hubiera negociación.
Dos días después,
efectivamente hubo negociación y también, como a la antigua usanza una
"horca" se estaba levantando en la sala principal de la nave Fénix
Negra.
Mi suerte estaba echada.