V
Verdi y el resto de sus consejeros y jefes tenían inmunidad de cárcel
siempre y cuando liberasen a la Comerciante
Jefes y Consejeros del planeta de los Guakis, reconocieron su derrota y
hubo voces que se empezaron a alzar contra Verdi.
Por otro lado, Verdi, sus hombres y mujeres de confianza tenían otros
planes: la derrota había sido tan brutal que el rencor y la soberbía dominaba a
estos hombres, en especial a Verdi. Él no quería volver derrotado a su planeta
y había urdido algo que difería en mucho el acuerdo con los vencedores.
Su odio hacia la Comerciante era tal que no iba a permitir que saliese con
vida. Le había preparado una horca, la colgaría a la vieja usanza, como él
recordaba las historias de viejos héroes de su planeta y como impartían
justicia.
Se iría lejos del Sistema Solar y de los mundos conocidos, él sabía de
lugares y algún que otro planeta donde esconderse, había elegido un viejo
planeta en el extremo más lejano del Sistema Solar, más allá de Júpiter, un
planeta practicamente olvidado y del cual, probablemente, el Consejo de la
Tierra no se acordaría. A Verdi no le gustaba huir, era todo menos cobarde o
eso creía él, pero esta vez no quedaba
otra forma para no enfrentarse a la derrota frente a su pueblo.
Verdi y sus hombres retornaron a su planeta pero no entraron en la
atmosfera, Emna temía lo peor y se dispuso a intervenir para que la Comerciante
no fuera asesinada.
Verdi, ¿qué vas ha hacer? ¿No vas a cumplir lo pactado con los vencedores?
- Le estaba diciendo Enma esa misma noche a Verdi.
No, Emna, ¿pensabas acaso que se iba a librar "tu amiguita" de la
muerte? La Comerciante no verá otro amanecer. Esta misma noche, a las 00:00
horas será colgada de una horca. Ella es
la máxima responsable de nuestra situación. ¿Y tú, Emna, vendrás con nosotros o
te enfrentarás a la justicia de nuestro pueblo? - Decía Verdi a Emna con la
mirada llena de odio y los ojos inyectados en sangre.
Sabes que no te acompañaré, yo fui tan responsable como tú de la situación
de nuestro planeta y he de enfrentarme, no soy ninguna cobarde. Lo mismo que
estaba segura de acompańarte en esta guerra, lo mismo estoy segura que debo
rendir cuentas ante nuestro pueblo. Si asesinas a la Comerciante dejarás en un
pobre lugar a los Guakis, toda nuestra raza te maldecirá por siempre.
Emna intentaba convencer a Verdi para que no matara a la prisionera.
Creo que intentas salvar a tu amiga, ¿qué pasa, Emna, aún sigues enamorada
de ella? Vete, al amanecer coge una lanzadera y ve al planeta. Ahora duerme, tómate algo para que tengas dulces
sueńos. A las 6:00 de la mañana quiero verte fuera de esta nave. Si te vuelvo a
ver por estos lugares o cerca de donde ella está correrás la misma suerte. -
Verdi escupió las palabras rápida y guturalmente.
Emna se fue con el rostro enjuto por la preocupación, tenía que pensar
rápidamente en una solución, o en poco tiempo su amiga moriría.
Fue directamente hacia el panel de comunicaciones. Vió que no había nadie
en el lugar. El ánimo de la tripulación estaba en sus horas más bajas después
de la contundente derrota de la que habían sido objeto.
Entabló comunicación con la nave más próxima de los vencedores, ella era
veterana y experta en estas lindes, un estúpido como Verdi cegado por el poder
y el odio no podía vencerla a ella. Además, si moría en el intento, moriría
tranquila. La gran y sangrienta Enma había cambiado en los últimos tiempos y
Verdi no se equivocaba en algo, estaba enamorada pero no precisamente de la
Comerciante, quizás ese amor la había cambiado o había hecho que ella tomara
contacto con otras gentes y otras ideas que hicieron hueco en su cerebro y
habían logrado que su corazón la latiera de otra manera. Ese amor lo había
llevado en secreto pues la situación no era para pregonar dentro de los
militares que su amor era por alguien muy cercana a la Reina Genix.
Mientras tanto la situación dentro de las tropas vencedoras no era muy
alegre pese a la victoria: la Comerciante seguía presa, Dax estaba al borde la
muerte, había habído muertos en combate, aunque pocos, todo ello hacía que la tristeza embargara ese momento.
Ige y Genix se encontraban juntas al borde de la cama donde estaba Dax. La
contemplaban en silencio. Los médicos habían hecho todo lo posible, la herida
era profunda. Ahora la evolución dependía de la muchacha, quizás su juventud y
fuerza eran sus únicos aliados.
Las ojeras marcaban la cara de Ige, su mutismo, ya de por sí normal, ahora
era denso, extremo.
Nátali, capitana de las tropas y lugarteniente de Ige hizo su entrada en
los aposentos, con el máximo respeto y silencio llamó a Ige.
Nátali llegaba de lejos, de otras tierras y lugares, siempre buscando
información que ayudase a ver claro a Ige. No había intervenido de forma
directa en la acción de la guerra. Pero sus viajes e informaciones habían sido
clave para el desarrollo y conclusión positiva de ella.
En uno de sus viajes, fortuitamente contacto con Enma, la había encontrado
en uno de los lugares preferidos de Enma en la tierra, una recóndida isla lejos
de tierra firme.
La había reconocido y no podía pensar que mujer cuyos ojos la conquistaron
de inmediato fuera la sangrienta persona de la que todo el mundo hablaba.
Ige, - habló Nátali- He recibo una comunicación de Enma referente a la
Comerciante. Hay que hacer algo rápido. He ordenado que se acercase a la Fenix
Negra una lanzadera, su misión es liberar a la Comerciante. Enma nos ayudará,
esperemos que Verdi no sea consciente del cambio tran drástico de Enma. Verdi
piensa colgar de todas las maneras a la Comerciante.
La cara de Ige se contrajo aún más si es que ello era posible. Las arrugas
surcaban su cara morena, el cansancio y el abatimiento y la impotencia se
apoderaron de ella y dijo:
No puedo hacer nada, Nátali, solo confiar en una extraña que ha matado y
apoyado a un lider asesino como Verdi.
Enma ha cambiado, Ige. Es diferente, el último año esa mujer ha empezado a
oir a su corazón y recuerda lo que amó a tu compañera. Ahora sus pensamientos son de deuda y
arrempetimiento, trató en muchas ocasiones de disuadir a Verdi y al resto de
los líderes de su pueblo respecto a esta guerra. No lo logró, pero ahora su
intervención apoyando a la Comerciante, decisiva, y será decisiva su decisión
cara a salvar a tu compañera, si confias en mí, confia en Enma. - Dijo
enérgicamente Nátali tratando de transmitir la confianza que sentía por Enma.
No me queda otra que confiar, tú sabes lo que yo confió en ti, espero que
el amor que tienes hacia Enma pueda más que toda su trayectoria anterior.
El desánimo era evidente en Ige, acostumbrada a situaciones límites, no era
su costumbre desfallecer pero ella nunca había conocido el amor, ahora sí, y
ese amor se le iba cual corriente de aire, sintiéndolo pero sin apenas tocarlo.
***
Las 22:00 horas, solo faltaban dos horas para la muerte de la Comerciante,
el tiempo se agotaba, todo dependía de lo que hiciera Enma. El rostro de Ige,
habitualmente inexpresivo, reflejaba un dolor íntimo, sobrecogedor, abrasaba su
mente y su corazón, no encontraba ninguna salida. Ella, la todopoderosa
Guardiana de la Sabiduría no podía hacer absolutamente nada, nada.
Si Ige tuviera la seguridad que sí tenía Enma en su acción, quizás su
sufrimiento sería menor, pero a Ige le salió cierto descontrol de su propio
interior, ¿puede que algo de celos? Bueno, eso es otra historia.
Enma en esos momentos ajustaba todos los controles posibles para que la
lanzadera mandada por Nátali no fuera avistada por ninguno de los esbirros de
Verdi.
De
todas maneras los hombres y mujeres de Verdi yacian borrachos por toda la nave
exceptos sus más adeptos a los que había ordenado que la Fenix Negra tomara
rumbo al planeta que habían escogido para ocultarse. Dejarían el cuerpo de la
Comerciante en una pequeña estación orbital, Capri, eso les daría un margen de
12 horas para escapar de las posibles naves de los vencedores.
Todo
ello hacía que la vigilancia dentro de la Fenix Negra fuera mínima, Verdi y su
camarilla de confianza estaban comiendo, muy relajados, comentando la inminente
muerte de la Comerciante y su significado, sería un duro golpe para los
vencedores.
Así,
Enma pudo, fácilmente, hacer que la lanzadera entrase en las bodegas del Ave
Fenix. Fue por la condenada.
Vamos
no hay tiempo - dijo a la Comerciante.
Sorprendida,
la Comerciante no pronunció palabra y siguió a Enma. Si había una oportunidad
para salvar la vida, era ahora.
***
En la
ciudad de Aura:
La
muerte se había apoderado del valle, Dax y la Comerciante estaban a un paso de
ella. Dax dependía de sí misma, la Comerciante de la actuación de su ex-amante
y, hasta ahora, primera lugarteniente de Verdi.
Ige
confiaba en Nátali hasta la muerte, en muchas ocasiones ambas habían puesto sus
vidas una en manos de la otra.
Portentosa
en altura y forma fisica Nátali era capaz de abordar arriesgadas y duras
empresas, con una sútil inteligencia había conducido a las tropas de Aura a
victorias, tanto en espionaje como en misiones bélicas árduas y difíciles.
Ige se
había planteado en alguna ocasión sus sentimientos hacia Nátali, es más,
algunos miembros de sus tropas habían murmurado que Nátali podría llegar a
conseguir que la cara de Ige sonriera y que sus ojos despertaran algún día de
esa tristeza crónica que embargaba su corazón. Pero ya hacía mucho tiempo que
había aclarado sus sentimientos, la profunda amistad que las unia era más
poderosa que cualquier atracción física.
Ige
tan solo tuvo tiempo de decirle a Genix las últimas noticias. La Reina, Ige y
Nátali esperaban noticias....
***
Solo
dos horas para la ejecución. Enma
sopesaba cada uno de los movimientos que debía dar para no ser descubierta.
Analizaba su profundo cambio interior producido ya hacia tiempo pero sobre todo
en el último año al conocer el amor en toda su extensión.
A las
22:00 horas Verdi y sus hombres de mas confianza cenaban conversando sobre los
pasos a dar, no habían triunfado pero nadie los iba a detener y con la ejecución de la
Comerciante asestarian un duro golpe, el dolor se metería en las profundidades
del muchas almas de Aura durante mucho tiempo.
Había
dado orden de que todos sus hombres estuvieran presentes en esa ejecución. La
quería convertir en una fiesta.
Verdi
también analizaba el cambio producido en su lugarteniente pero lo atribuía a
sus antiguos sentimientos por la
Comerciante. Sabía que Enma no viajaría con él, la dejaría que se enfrentase a
su pueblo, si había una “cabeza de turco” en la que el pueblo se resarciera de
la derrota, él y sus hombres serían olivados mucho antes.
La
situación en el Ave Fenix Negra era de relajamiento y el acuerdo al que habían
llegado con la Comisión de los vencedores, es decir la entrega de la
Comerciante, que sería al día siguiente, les daría bastantes horas de ventaja
para que se pudieran perder en el espacio exterior.
Enma primero
facilitó el acercamiento de la lanzadera hacia la nave nodriza, la introdujo en
sus bodegas, mezcladas con varias decenas de otras naves de ataque y ordenó al
piloto de la lanzadera que la estuviera lista para una salida inminente y
activada sus armas de defensa. Sin más
se dirigió al lugar de encierro de la
Comerciante.
Vamos,
deprisa, no hay tiempo que perder - dijo Enma
Sin mediar
más palabras corrieron hacia las bodegas
del Ave Fénix Negra. No hubo ninguna dificultad en llegar.
Bienvenida Comerciante, - dijo el piloto.
Arranca ordenó
Enma.
Espera un
segundo, replicó en sus primeras palabras la Comerciante.
Vete, Enma,
se libre, diré lo que has hecho por mí. Si vienes ahora serás encarcelada,
juzgada y sometida, probablemente, al odio del pueblo.
No, Comerciante, no amiga mía, se acabó el seguir
huyendo, se acabó para mí la guerra y la sangre. Si tengo una oportunidad de que todo esto
cambie, es ahora. No me importa enfrentarme a lo que depare el destino, pero he
sido consecuente con mis actos y lo seré con lo que venga.
¡Arranca de
una vez, piloto! ¡No hay más tiempo!
La suerte
estaba con ellas, la lanzadera se perdió rápidamente del área de control del
Ave Fénix. La ligereza de la lanzadera hacía que la velocidad punta fuera
enorme.
En el Ave
Fénix Negra apenas podían creer lo que había pasado, Verdi perjuró una y mil
veces contra Enma, pero ya no había vuelta a atrás ni se podía hacer nada,
ordenó velocidad total hacia el planeta que habían elegido, ahora la consiga
era huir.
La distancia
entre la nave enemiga y la lanzadera cada vez era mayor. La libertad ya era un
hecho.
Atención,
atención, llamado a la base de Aura, llamando a Ige, soy Enma.
Dime Enma.
Soy Ige.
Todo está
bien, la Comerciante está conmigo. El Ave Fénix Negra huyó al darse cuenta que
habíamos escapado.
Bien, tenéis
libre para aterrizar. Te dejo con Nátali ella te orientará. Os recibiremos en
el palacio real en una hora.
¿Ige? –
preguntó Enma. ¿No vienes a la nave?
No, Enma,
creo que me he puesto demasiado nerviosa, nunca estuve así en mi vida. Así que
trataré de calmarme, no quiero que la Comerciante me vea en este estado.
Al fondo se
oyó una carcajada. La Comerciante rió a gusto. Su novia estaba nerviosa, más
bien histérica. La todopoderosa y seria Dama Primera de la Reina Genix.
Bien, que se
haga como he dicho, Enma. En el palacio en una hora.
Bien, bien, a
sus órdenes. - Sonrió Enma.
¿Nátali? -
llamó Enma.
Aquí estoy
amor, encantada de oír tu voz. Y tenerte tan cerca. En 15 minutos estarás en
mis brazos.
Será un
placer cumplir sus deseos, bella dama. Sentenció Enma.
Yo si iré a
recibiros. Hasta dentro de veinte minutos, aproximadamente.
Bien,
concluyó Enma.
Así las
cosas, y conocedora de su pareja, la Comerciante no se sintió defraudada porque
Ige no fuera a recibirla a la nave, sabía como podía estar. Absolutamente fuera
de control, enjuta, con la tensión reflejada en la cara y con los ojos a punto
de explotar en un llanto quizás, demasiado húmedo.
Sonrió de
nuevo, ya estaba en casa, la misión estaba cumplida, la guerra terminada, el
pueblo Guaki quizás comenzará a cambiar y había recuperado el alma de una vieja
guerrera y amante, Enma, valiente donde las hubiera.
Volvía de la
muerte misma y eso, en su momento tendría que reflexionar sobre su futuro,
sobre todos aquellos pensamientos que la habían atormentado en los últimos días
cuando la muerte rozaba su hombro. Había repasado su pasado buscando respuesta
que no encontró. Los hechos de su vida fueron así y quizás no había que
buscarle un porque, tan sólo sucedieron, tuvieron sus consecuencias y el pasado
no tenía porque entorpecer su vida actual. Por eso estaba despistada, no
entendía por qué le habían vuelto con tanta fuerza esos pensamientos, esos
recuerdos que agujereaban su alma hasta hacerla casi desaparecer.
Pero eso era
otra historia, ahora era su reencuentro con la gente que amaba y en concreto
con la persona que había hecho que su corazón naciera de nuevo. La persona que
con su amor le había dado otro significado a su vida.
Quizás, eso,
el nuevo significado de su vida, era lo que la Comerciante tenía que asimilar,
tenía que doblegar su instinto de querer saber más de la cuenta, tenía que
parar y reflexionar, darse tiempo y buscar la verdad. Sabía que estaba en el
camino, puede que buscando en los recuerdos del pasado hallará la sabiduría
necesaria y la pista que le conduciría a saber la verdad.
Nátali y Enma
se abrazaron fuertemente en su reencuentro, y el beso absolutamente bestial y
pasional hizo que la Comerciante sonriera, mejor dicho soltara una carcajada.
Vaya, vaya.
Ese amor encontrado, largamente esperado, vino del cielo y se posó en tus
labios.- Decía con sorna la Comerciante a las dos enamoradas.
Nátali miró
con cara de pocos amigos a la Comerciante, pero solo fue un bulo. Dejó por un
momento a su compañera y estrujó entre sus brazos a la Comerciante. Y le dijo:
me las pagarás, tu sorna te la vas a comer enterita.
Será un
placer, señora, ¿cómo he de llamarla,
capitana de las tropas, señora de Enma? - Continuó con su sarcasmo la
Comerciante.
Venga, dejaros
de idioteces, o ¿acaso no quieres abrazar a tu novia, Comerciante de los Mundos
Conocidos? Apostilló Enma con la sonrisa en la boca.
Vamos,- las
tres se dirigieron hacia el palacio.
Ahhh,
esperad, - grito la Comerciante. Dijeron que estarían en una hora. No podemos
desobedecer las órdenes de su majestad, así que nos queda como media hora.
Tiempo suficiente para una ducha y cambio de vestimenta. Enma y yo parecemos
dos vagabundas.
Tienes razón,
tenéis tiempo para cambiaros.
Así las
cosas, las muchachas limpiaron su mugre y sudor, sus vestidos arrugados fueron
sustituidos y se dirigieron sin más a los aposentos donde serían recibidas por
la Reina, la Dama Primera y otros.
Se había
decidido que serían recibidas por la Reina en primer lugar, y luego se daría a
conocer al resto del Consejo lo que había acontecido. En concreto el tema de
Enma era delicado, ni por un momento la Reina y la Dama Primera querían
someterla a un encuentro con el Consejo, primero querían hablar con ella, luego
con el Consejo y que éste decidiera. Si podían evitar un juicio lo harían.
Enma bien
merecía esa oportunidad. Lo que había hecho salvando a la Comerciante quizás no
compensaba su participación en los acontecimientos de la guerra, pero si era
suficiente para comprobar que el cambio de Enma era cierto y que en su nuevo
planteamiento de vida había una nueva forma, una nueva manera de enfrentar la
vida. Y eso, La Reina lo iba a conseguir.
Si se podía
dar una nueva oportunidad a Enma se la daría.
La Reina
estaba sumida en sus pensamientos: Enma no era de su devoción, pero por respeto
a Ige y Nátali iba a tratar de conocerla. Hablaría con el Consejo, y los
presionaría si hacía falta. No quería ningún juicio, ya había habido demasiado
sufrimiento y ella, ahora, solo estaba para intentar ayudar en lo posible a
Dax, y Dax se la estaba yendo y no sabía como devolverle la salud.
Ella, la
Reina tenía potestad para decidir y ya lo había hecho. El Consejo tendría que
dar su visto bueno.
Ya con sus
nuevas vestimentas y limpias de mucha mugre, la Comerciante, Enma y Nátali se
dirigieron a ver a la Reina.
El Consejo
estaba reunido pero antes de ser recibidas debían pasar por los aposentos de la
Reina. Las tres mujeres se dirigieron con paso firme, sus botas resonaron una y
otra vez, cual movimientos de viejos bailes humanos.
La Dama
Primera, Ige, se encontraba con Genix.
La
Comerciante paró su drástico andar, como llevadas por la magia, Nátali y Enma
se detuvieron. Habían llegado ante la Reina. Ige miró a la Comerciante. La Comerciante
miró a Ige.
Un nudo ahogó
la garganta de la Reina.
Ige estaba
llorando.
Genix no
recordaba haberla visto llorar nunca.
Casi sin
aliento la Comerciante, en apariencia fría, se acercó a Ige, miró fugazmente a
la Reina. Ojos contra ojos, la verdad afloró por completo en el corazón de las
dos. Sobraban palabras y el palacio enmudeció, el aire se contuvo, el tiempo no
existió, dos vidas se unían en libertad. Las dos mitades de las almas se
fundieron para ser una. Los opuestos están unidos.
Besos y abrazos
quedan en la imaginación de los lectores. Los sentimientos solo son de ellas y
de tres testigos a las que embargó algo extraño, como si miles de años se
detuvieran y por fin se abriera el anillo del inicio de la vida. Lo que estaba
por venir estaba allí, lo que fue es.
Ige pudo
articular por fin una palabra, separó con delicadeza a la Comerciante que se
hundía una y otra vez en su pecho. La Comerciante no lloraba, Ige lloraba, pero
la Comerciante solo sentía el calor de la piel de Ige.
Unos cuantos
segundos después, la Comerciante se fundía en una abrazo lleno de cariño con
Genix.
Bienvenida mi
guerrera.- Dijo con un hilo de voz la Reina.
No soy
guerrera, solo una comerciante que le gusta surcar el espacio para volver al
lugar donde le dieron calor.
Toma, Ige,
toma mi pañuelo y sécate esas lágrimas, mujer. - Sonrió la Reina, llevando su
mano con el pañuelo hacia Ige.
Lo siento, mi
Reina, esto creo que no me pasó nunca. Debo estar haciéndome mayor.
No,
sencillamente has encontrado el sentido de tu vida, mejor dicho, esa parte que
a toda alma le falta.
Jajaja, se
oyó. - Nátali y Enma ya no lo pudieron evitar, ahora era tiempo de celebración,
aunque….
La Reina miró
fijamente a Enma.
Enma, ven
conmigo.
A Enma la mirada se le extravió de golpe,
dirigió momentáneamente su cara hacia Nátali y se dirigió hacia donde se
encaminaba la Reina.