Es
imposible determinar el momento en que surgió la primera relación lesbiana. Sin
embargo, determinados documentos históricos nos permiten hacernos una idea de
la evolución del lesbianismo.
Ya
en el primer código conocido de la historia, el Código de Hammurabi (
Aunque
la documentación al respecto es escasa, se piensa que en comunidades aisladas
de Albania, Yugoslavia e Italia se aceptaban las relaciones lésbicas en épocas
pretéritas. Por ejemplo, en las zonas montañosas de Cabiria existía una
sociedad aborigen compuesta únicamente por mujeres a las que se llamaba sbraie.
En China también se describen relaciones entre mujeres que interaccionaban
entre sí como marido y mujer, situación a la que se hacía referencia con el
término dui shi.
Según
la mayoría de los historiadores, el primer texto poético del que se tiene
constancia fue creado por una mujer llamada Enheduanna, hija del rey Sargón I
de Acadia. Esta princesa y sacerdotisa, nacida alrededor del año
En
el 630-
En
la antigua Roma y en Grecia el lesbianismo era aceptado con normalidad. En
Roma, por ejemplo, existían baños públicos para mujeres que, a pesar de estar
casadas, deseaban mantener contactos sexuales con otras mujeres. Estos baños
contaban con chicas, las esclavas felatoras, que satisfacían sus deseos
lésbicos. También existe constancia de bodas entre mujeres. Con la expansión
del cristianismo, la aceptación de las relaciones homosexuales fue decreciendo
poco a poco hasta llegar a convertirse en motivo de persecución. Sin embargo,
hay que hacer constar que el motivo de la condena cristiana se centraba más en
el adulterio que en identificar si se cometía entre hombres o entre mujeres.
En
En diez siglos sólo existen una docena de alusiones al lesbianismo, siempre ligadas a la condena eclesiástica, la herejía o la brujería. Las monjas, por ejemplo, eran instruidas para evitar la atracción carnal entre ellas, y más adelante, en los Concilios de París (1212) y Ruan (1214) se les prohibió dormir juntas y se las obligó a mantener sus cuartos iluminados durante la noche. Otras medidas para evitar estas relaciones consistían en impedir que las monjas se visitaran o prohibirles que cerraran las puertas para poder ser controladas por la abadesa en todo momento.
En
los siglos XVI, XVII y XVIII se trata el tema de las relaciones sexuales entre
monjas (como por ejemplo la de Sor Benedetta Carlini) en varias novelas y
poemas. A finales del siglo XVI, el escritor francés Pierre de Bourdeille
(señor de Brântome), admitía que las relaciones sexuales entre mujeres se
habían convertido en una moda trasladada de Italia a Francia por una dama noble
que probablemente era la reina de Francia, Catalina de Medici. Esta reina
habría sido el ejemplo de un grupo de mujeres conocidas como "Batallón
volante" que, según Pierre de Bourdeille, preferían hacer el amor entre
ellas a quedar embarazadas y perder su honor. Es este escritor francés, el
señor de Brântome, quien utiliza por primera vez la palabra
"lesbiana", en alusión al lugar donde vivió Safo (la isla de Lesbos),
en una obra que tituló precisamente "Las lesbianas" donde recopilaba
poemas amorosos entre mujeres (incluidos los de Safo). Otros términos que se
utilizaron para referirse a las lesbianas tuvieron su origen en las prácticas
sexuales que se suponía llevaban a cabo, como por ejemplo fricatrices o
tribadistas (mujeres que se frotan una contra otra).
Otras
mujeres de la época conocidas por sus tendencias lésbicas fueron Juana de Arco,
Catalina de Erauso (la "monja alférez") y la reina Cristina de
Suecia. El tratamiento que se daba en esta época al lesbianismo era, dentro de
la condena, más liviano que para la homosexualidad masculina. Se consideraba
que la simiente masculina era más importante que la femenina, y por tanto su
derroche inútil constituía una mayor ofensa a Dios. Las relaciones lésbicas se
castigaban con penas menores, equiparables a las de la masturbación. Sin
embargo este tratamiento no era unánime puesto que en algunos lugares el
lesbianismo se castigaba incluso con la pena de muerte. Aunque, en líneas
generales, el lesbianismo se consideraba un problema mucho menos grave que las
relaciones entre hombres, lo que daría lugar a una menor persecución pero
también a una mayor ignorancia de la existencia y la identidad de las mujeres
lesbianas.
Mentras
tanto, en América Latina se tiene constancia de la existencia de mujeres
lesbianas en comunidades aborígenes a finales del siglo XVI. Por ejemplo las
mujeres conocidas como cacoaimbeguira pertenecientes a la tribu de los
Tupinamba, que ejercían oficios de hombre, iban a la guerra y se relacionaban
con otras mujeres que adoptaban el rol de esposa.
A finales del siglo XIX surgió una nueva disciplina, dentro de
Ya en el siglo XX la influencia de los estereotipos creados por los psicólogos
hizo que se extendieran entre la población creencias absurdas sobre las
lesbianas como la separación en dos roles, el de la mujer masculina (invertidas
congénitas), que hacía de marido, y la mujer femenina (pseudolesbianas), que
cumplía el rol de esposa. En los años veinte se desarrollaron campañas para
prevenir la enfermedad mental lésbica entre las chicas jóvenes, y esa labor
provocó que empezara a asociarse el lesbianismo con la marginación, la
enfermedad, la perversión y el vicio. Ante este tratamiento muchas mujeres
lesbianas se aceptaron a sí mismas como enfermas e intentaron rechazar sus emociones
casándose o suicidándose. Sin embargo, a la par que se patologizaba el
lesbianismo, desde finales del siglo XIX algunas mujeres empezaron a destacar
en sus actividades, estudios y profesiones, asociándose para dar lugar a lo que
se conocería como "nueva mujer". Su activa labor sería decisiva para
que la sociedad fuera aceptando los derechos de las mujeres, como el derecho al
voto o la igualdad de condiciones. Aunque la mayoría de estas mujeres no eran
lesbianas, hubo psicólogos que las consideraron como tales por presentar, según
ellos, comportamientos masculinos. Entre estas mujeres que cambiaron poco a
poco la concepción enfermiza que se tenía del lesbianismo encontramos, por
ejemplo, a: Florence Nigtthingale, creadora de una escuela para enfermeras en
Londres; Francisca Maria Souvestre, directora de un internado de señoritas
parecido al de Safo; Romaine Brooks, pintora y escritora; las escritoras
Natalie Barney, Colette, Virginia Woolf, Vita Sackville-West, Radclyffe Hall,
Djuna Barnes, Gertrude Stein, Marguerite Yourcenar, Carmen de Burgos
"Colombine"; las artistas Alla Nazimova, Greta Garbo, Marlene
Dietrich, Isadora Duncan…
A
finales del siglo XX y comienzos del XXI los derechos de las mujeres lesbianas
han seguido avanzando gracias a iniciativas colectivas e individuales de
lesbianas célebres y anónimas, pero aún en muchas partes del mundo, y en
ambientes poco culturizados de las sociedades desarrolladas, el lesbianismo
sigue siendo motivo de escarnio público e incluso de desigualdad y reprobación
por parte de las autoridades.